La historia detrás de un poeta del cine: Julien Duvivier

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La historia detrás de un poeta del cine: Julien Duvivier

Emergió como uno de los “cinco grandes” del cine francés en la década de 1930 y su estética única lo convirtió en una leyenda.

Julien Duvivier nació en Lille, en octubre 1896, pero poco se sabe sobre su infancia y adolescencia. Su carrera profesional en el séptimo arte se inició en 1916 como actor en el Théâtre de l'Odéon, bajo la dirección de André Antoine; pero poco después encontró más afinidad con el cine detrás de las cámaras.

Tres años después, en 1919, Duvivier dirigió su primera película, Haceldama ou Le prix du sang. Durante la década de 1920, en sus películas fueron recurrentes los temas religiosos, una tendencia que podría estar relacionado con su educación jesuíta durante sus años universitarios. Entre las películas más destacadas de esta era están: Credo ou la tragédie de Lourdes y L'abbé Constantin y La Vie miraculeuse de Thérèse Martin, sobre la santa carmelita Teresa de Lisieux.

Para Julien Duvivier, la década de 1930 fue el momento de su consolidación como director de cine. Caracterizado por un estilo poético oscuro hizo melodramas populares, thrillers, epopeyas religiosas, comedias, filmes de propaganda para la guerra, musicales y adaptaciones literarias de novelas de Émile Zola, León Tolstoi, Irène Némirovsky, y Georges Simenon.

Fue durante esta década que producciones como Poil de Carotte (1932), La belle équipe (1936), y Pepe le Moko (1937), fueron puestos lanzadas en salas de cine y ganaron eligios a nivel mundial. Precisamente, la último impulsó Jean Gabin a la categoría de estrella internacional.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Duvivier se trasladó a los Estados Unidos gracias a un contrato con MGM. En América hizo cinco películas: Lydia (1941), Cuentos de Manhattan (1942), Piel y fantasía (1943), El Impostor (1944), con su socio de siempre, Jean Gabin, y El destino (1944).

Después de la guerra, el director volvió a Francia, donde encontró dificultades para volver a filmar. Una de las razones por las Duvivier no fue bien recibido por la crítica francesa fue su falta de voluntad para adaptarse a un estilo específico donde pudiera ser categorizado con facilidad. Este tipo de arrogancia estética lo convirtió en un blanco fácil para los periodistas y académicos.

Sin embargo, con el paso de los años, se aventuró en nuevos proyectos, incluyendo una serie de películas comicas basadas en las obras de Giovanni Guareschi, sobre un personaje llamado Don Camilo. La primera de ellas, El pequeño mundo de Don Camilo (1952) tuvo éxito popular inmediato, seguida de El regreso de Don Camilo (1953). La serie continuó con otros directores.

Duvivier continuó filmando constantemente durante las décadas de 1950 y 1960, hasta su muerte. Murió de un ataque al corazón en 1967 después de un accidente automovilístico justo cuando había finalizado la producción de su última película, Diaboliquement vôtre.

De Julien Duvivier muchas cosas se han dicho, pero tal vez el más memorable vino de su compatriota Jean Renoir, quien declaró: “si yo fuera un arquitecto y tuviera que hacer un monumento al cine, pondría una estatua de (Julien) Duvivier en la entrada … Este gran técnico, este rigorista, fue un poeta”.

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